martes, 18 de julio de 2017

¿Te apetece conocer algo de "Memoria ingrávida"? Aquí lo tienes, en exclusiva...

Respira. Despacio. Siente el aire frío en tu nariz. Siente como el paso por tus pulmones dota de energía y paz al mismo tiempo a tu cuerpo. ¿Puedes sentirlo? Es el oxígeno extendiéndose por cada centímetro de tu cuerpo sin dejarse ni un solo milímetro, como una engranaje perfecto. Siente como su recorrido a través de ti lo convierte en aire cálido a la salida.
Respira. No pienses. Pensar está sobrevalorado. ¿Para qué hacerlo ahora? Pensar duele. Te hace revivir una y otra vez el dolor, como si no hubiera escapatoria. No te lo permitas, no te rindas a su dominante influencia. No le dejes invadirte con su pesar. Siente. Nada más. Concéntrate en tu respiración, en como se hincha tu vientre, en el movimiento rítmico de tu pecho. Pon toda tu atención en ello porque respirar no duele, porque te hace sentir bien, porque te proporciona calma y serenidad. Ahora no hay preocupaciones, sólo tranquilidad. Siéntelo.
Aférrate a este momento en el que no existe el dolor. Tal vez sea sólo un instante pero ahora es real. Y es tuyo. Aférrate a este momento y hazlo eterno para que la realidad no pueda herirte con su crudeza. Aférrate.

¿Sientes eso? Son los latidos de tu corazón recordándote que aún estás viva. Escúchalos, están reclamando toda tu atención. No hagas caso al martilleo de tu cabeza que intenta invadirte y llenarlo todo de pesadumbre. Cierra esa puerta, aunque sea sólo por unos segundos. Estás viva y merece la pena seguir viviendo. No puedes rendirte, nunca te lo perdonarías.

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